Library · 001

Los buscadores
de conchas

Rosamunde Pilcher

A book and a quiet room overlooking the sea

Hay libros que llegan una vez y se quedan para siempre.

Los buscadores de conchas, de Rosamunde Pilcher. Lo leí hace muchos años. No recuerdo ya todos sus personajes ni podría reconstruir con precisión cada una de sus historias. Pero recuerdo perfectamente lo que sentí dentro de aquel libro.

El mar. Las casas. Las comidas preparadas sin prisa. La ropa recién lavada secándose al sol y a la brisa de la campiña inglesa. El frío de una playa en invierno y la certeza de que, al regresar, habría una chimenea encendida.

Quizá fue una de las primeras veces que entendí que una historia podía permanecer en nosotros no tanto por lo que sucede en ella como por la forma en que nos enseña a mirar.

Hace unos días, caminando cerca de la orilla del Mar de Alborán, volví a encontrarlo.

Alrededor había música. Mucha. Un festival bastante alejado de la calma que recuerdo de aquellas páginas. Puestos de mercadillo montados junto a una antigua fortaleza frente al mar, rehabilitada y vestida para el verano.

Y entre todo aquello, sobre una mesa, un cartel:

Libros gratis. Llévate el que quieras. Allí estaba. Los buscadores de conchas. Lo cogí. Lo ojeé despacio. Pasé algunas páginas. Me detuve en palabras sueltas, en frases que ya no recordaba. Acaricié el papel con esa extraña familiaridad que producen las cosas que pertenecieron a otra época de nuestra vida. Durante unos minutos tuve la tentación de llevármelo. Por supuesto. Pero después lo devolví a su lugar. Aquel ejemplar había pertenecido a otra persona y, durante unos instantes, había vuelto a encontrarse conmigo. Era suficiente. Y, sobre todo, me gustó pensar que podía quedarse allí esperando a algún desconocido. Esperando que alguien lo descubriera por primera vez.

Porque las primeras veces tienen algo que nunca vuelve a repetirse. Quiero releerlo. Sé que será un libro diferente al que leí entonces, porque yo también soy diferente. El lector también envejece dentro del libro. Y aquello que una vez fue simplemente una casa acogedora puede convertirse después en una idea de hogar. Una comida, en una forma de cuidado. Una playa fría, en libertad. El regreso al anochecer, en refugio. Prestar atención. Cuidar las cosas pequeñas. La belleza puede estar en una mesa puesta con mimo, en un jersey de lana que abriga mientras caminamos junto al mar, en el olor de la ropa limpia, en una casa caliente mientras fuera hace frío. Hay libros que encontramos dos veces en la vida. Pero algunos sólo necesitamos llevárnoslos con nosotros la primera.

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